La vida era mucho más fácil cuando viajar para mi era más un método de descanso anual que un estilo de vida.

Es que no creo que me haya pasado solo a mi, desde pequeños nos enseñan que primero hay que graduarse, conseguir un buen trabajo, acto seguido comprarse una casa y después un auto y todo lo necesario para vivir de una forma digna.

No esta mal, algún día envejeceremos, no tendremos la misma fuerza para trabajar y vamos a necesitar un lugar donde estar, un lugar donde vivir (sin estorbarle a nadie), propio que no requiera de un pago mensual, al menos no de una renta de alquiler.

He hecho todo lo contrario a lo que mencioné, no me terminé de graduar (larga historia), llegué hasta el 9no semestre de Educación Inicial, en teoría solo me falta hacer las prácticas, prestar el servicio comunitario y entregar un trabajo de campo (tesis) para que me den el título.

Sería hipócrita decir que no amo mi profesión porque sí, amo enseñar, educar, paso a paso, tengo la paciencia que jamás pensé tener para los niños.

Pero cuando pienso en el campo laboral, es un poco frustrante saber que no es una profesión que me dará el estilo de vida que me gustaría tener y por el que en este momento trabajo día a día.

Soy Contentwriter desde hace 6 años y un poco mas, amo escribir, «me gusta echar el cuento», mis amigos me dicen que me gusta «hablar hasta por los poros«, pero creo que es la realidad de un buen redactor, el que te cuenta la historia con «detalles y señales», sin escatimar en nada.

Desde entonces comencé este largo camino como redactora, actualmente me encargo de la redacción de contenido de 1 agencia de SEO con las que llevo trabajando 5 años. Siempre soñé con viajar por el mundo, conocer otros países, llenar mi pasaporte de sellos para tener siempre una historia que contar, pero mi bolsillo no me lo permitía.

En mi cabeza rondaban miles y miles de dólares en presupuesto para viajar y como redactora, sinceramente no me iba a poder sostener viajando de aquí para allá, al menos eso era lo que yo pensaba.

Desde que conocí el mundo de los blogs y la monetización del contenido escrito, comencé a tener paralelamente con mi trabajo como redactora, mis propios blogs con temáticas de viajes y emigración junto a mi novio.

No fue sino hasta 10 meses después de invertirle una gran cantidad de dinero al mes a esos blogs en contenido, cuando comenzaron a crecer exponencialmente.

Las ganancias comenzaron a ser lo suficientemente rentables que ya los blogs (que eran 3 en ese momento) se pagaban solos en hosting y contenido, es decir, daban suficiente dinero para cubrir esos gastos.

Todo marchaba super bien, les confieso que yo comencé trabajando con una minilaptop (canaima) y ya a los 10 meses me compre una Acer que hoy es mi laptop de trabajo en casa.

Con ella estuve trabajando por 2 años y medio hasta que me compré la que hoy es mi laptop de viajes, una Surface Laptop 2 de Microsoft. Con el pasar de los meses, el negocio comenzó a ser bien rentable, habíamos alcanzado una de nuestras principales metas: Ingresos pasivos.

Ingresos que nos pagaban techo, comida, nos vistieron y nos dio uno que otro gustico. Ya para el año 2017, estábamos estables, yo continuaba trabajando con mis clientes de la agencia y los blogs (vigentes aún) seguían creciendo.

Un día mi novio me plantea la idea de viajar a Brasil porque quería conocer un nuevo idioma. Por supuesto mi reacción en primer momento fue un NO, bien rotundo por cierto,  detrás de ello una retahíla de excusas como:

«¿Cómo crees que vamos a viajar así?, eso es ser irresponsables, ¿que pasa si se nos acaba la plata y nos toca dormir en una estación de metro?, ¿no te has puesto a pensar si nos toca pasar hambre por cualquier percance?, yo salgo de viaje mínimo con 3500$ para sentirme segura sino, no«. Entre un montón de cosas mas.

¿Te gustaría conocer el resto de la historia?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *